Nada es todo.
Melodía en el glaciar verano.
Cuando encriptaste los recuerdos, en donde un suspiro del viento, te dibuja a mi encuentro.
Me congelaste en aquel baile en donde descifraste la vergüenza de mi alma, capturaste cada latir de mi existencia y derrumbaste el dique de mis pensamientos.
Me dejaste en el limbo de los sueños, mientras esculpías la postura perfecta ante el afásico murciélago.
Nada fue inperfecto.
Todo fue conspiración del cielo.
Nada fue un sueño.
Aunque…. daría el ahora por volver a aquel instante.
Todo fue escrito.
Un deseo del malvado genio.
Miento si digo que lloverá por siempre, pero cada gota es ahora parte del mar y su fuerte oleaje.
Miento si digo que controlo la fuga de miel en mi cuerpo, porque su espesa dulzura controla mis movimientos.
Me engaño en la amnesia del presente.
Me sofoco ante la columna de estrellas cómplices del ritmo de este vals, donde tatuaste la dulzura de tu mirada en el bipolar crispar del grillo errante.
Bailo ante el calor del sol, que acicala cada instante del retozo, descuido del tic-tac del reloj.
Me pierdo ante el frio parecido del satélite reflejado en la laguna de mis pesadillas.
Nada es remordimiento.
Todo fue un perfecto atardecer.
Segundos de un encuentro, único sollozo tiempo.
Cuando sepultaste todo prejuicio, uniendo el este y oeste en el paisaje inédito del pintor parapléjico.

