Fueron de esos días, que ni a tu sombra querías. Pasaron las noches, y hasta los medios días, entre lágrimas – solo un poco atolondradas – y sueños – solo un poco paradójicos –.
Fueron de esos días en que te desaparecías. No tanto en persona, mas el alma ni asomabas.
Te dabas cuenta cuanto le necesitabas – cuanto le querías – mas a eso importancia… no le dabas.
Te dabas cuenta el daño que te hacías, mas el dolor infringido ya ni lo sentías.
Tal vez fue la desesperanza, la desolación o soledad.
Tal vez fueron las ansias y la realidad tocando el corazón.
Eran las 12 a.m. del otro día, y ante media docena de ojos llorabas porque le extrañabas.
Eran las 12 a.m. de un nuevo día, llenos de besos sabor a fresas y cerveza, fueron disipando cierto grado de tristeza.
Eran las 12 a.m., entre nervios y risas, entregabas todo sentido.
Fueron de esos días, que ni a tu sombra querías, cuando descubriste que Soledad te dejaba dando paso a un destello cálido, un pequeño, un beso tierno y sincero.
Fueron de esos días en que te desaparecías. No tanto en persona, mas el alma ni asomabas.
Te dabas cuenta cuanto le necesitabas – cuanto le querías – mas a eso importancia… no le dabas.
Te dabas cuenta el daño que te hacías, mas el dolor infringido ya ni lo sentías.
Tal vez fue la desesperanza, la desolación o soledad.
Tal vez fueron las ansias y la realidad tocando el corazón.
Eran las 12 a.m. del otro día, y ante media docena de ojos llorabas porque le extrañabas.
Eran las 12 a.m. de un nuevo día, llenos de besos sabor a fresas y cerveza, fueron disipando cierto grado de tristeza.
Eran las 12 a.m., entre nervios y risas, entregabas todo sentido.
Fueron de esos días, que ni a tu sombra querías, cuando descubriste que Soledad te dejaba dando paso a un destello cálido, un pequeño, un beso tierno y sincero.