Y ya no son lágrimas frescas, no hay estelas de ellas en esos tercios pétalos de un suave tono rosa, como botón de rosa abriéndose al infinito cielo.
Y no se vislumbran destellos de un dejo de tristeza allí en lo profundo del claro a donde en cascada llegaban lágrimas de de dolor, borboteantes por una fuerte razón.
Y se le ve al gorrión alzar el vuelo al compás del sol naciente despidiendo el tierno concierto iluminado, como su cómplice, por la bella dama.
Lágrimas danzantes en el susurro del viento seductor baile sensual roce al tercio pétalo.
Son susurros arrastrados por el viento y ya no lágrimas frescas dejando estelas y un concierto de suspiros con ellas.
04/06/2011
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