Sabía que te tenía que dejar ir, a pesar de mi tristeza y de no saber a ciencia cierta lo que hacía, sabía que te debía dejar ir.
Te veo ahora, y encuentro a esa chica en tus brazos, terriblemente encantadora. Dibuja una enorme sonrisa en tu rostro y, aún así, veo en lo profundo de tu mirada un atisbo de soledad y tristeza.
Mis días? Me los paso tratando de olvidar tu número y encontrar en mi caja de legos las piezas correctas para armar un nuevo destino.
Veo por la ventana y entiendo como las palabras de esa mujer del pasado, que hablan del futuro, son tan sabias.
Veo como retrocedo en el tiempo y encuentro ciertos esbozos tuyos en el cielo, en las hojas que caen con el viento, en el aroma que se disipa con el tiempo.
Veo por la ventana como al terminar el crepúsculo, la noche confirma que es el final dando paso a un nuevo inicio.
Sabía que te tenía que dejar ir, a pesar de lo que sentía y de las lágrimas que recorrían mis mejillas, sabía que te debía dejar ir.
La turbulencia no me desasosiega, pero despierta la inquietud de un asiento vacío a mi derecha.
Te veo ahora, con esa chica a la que rodeas protectoramente con tus brazos, a la que atiendes como una delicada flor, la que dibuja una enorme sonrisa en tu rostro y, aún así, veo en lo profundo de tu mirada inseguridad y anhelo.
Veo por la ventana como retrocedo en el tiempo, sé a dónde me dirijo pero no a lo que llegaré.
Cada vez que cierro los ojos, pido encontrar el lugar en el que de alguna manera pueda recordar tu nombre sin recordar como buscarte.
Te veo ahora, y encuentro a esa chica en tus brazos, terriblemente encantadora. Dibuja una enorme sonrisa en tu rostro y, aún así, veo en lo profundo de tu mirada un atisbo de soledad y tristeza.
Mis días? Me los paso tratando de olvidar tu número y encontrar en mi caja de legos las piezas correctas para armar un nuevo destino.
Veo por la ventana y entiendo como las palabras de esa mujer del pasado, que hablan del futuro, son tan sabias.
Veo como retrocedo en el tiempo y encuentro ciertos esbozos tuyos en el cielo, en las hojas que caen con el viento, en el aroma que se disipa con el tiempo.
Veo por la ventana como al terminar el crepúsculo, la noche confirma que es el final dando paso a un nuevo inicio.
Sabía que te tenía que dejar ir, a pesar de lo que sentía y de las lágrimas que recorrían mis mejillas, sabía que te debía dejar ir.
La turbulencia no me desasosiega, pero despierta la inquietud de un asiento vacío a mi derecha.
Te veo ahora, con esa chica a la que rodeas protectoramente con tus brazos, a la que atiendes como una delicada flor, la que dibuja una enorme sonrisa en tu rostro y, aún así, veo en lo profundo de tu mirada inseguridad y anhelo.
Veo por la ventana como retrocedo en el tiempo, sé a dónde me dirijo pero no a lo que llegaré.
Cada vez que cierro los ojos, pido encontrar el lugar en el que de alguna manera pueda recordar tu nombre sin recordar como buscarte.
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