Si alguna vez me decidiera a perderme entre lo profundo de su mirada y no quedarme allí por en medio donde se separan esas bellas perlas, puertas al alma.
Si alguna vez me decidiera a besarle con el corazón sangrante y los huesos ardiendo, no solo dejarme llevar por el impulso hormonal y tratar de satisfacer mi hambre y deseo carnal.
Si alguna vez le hablara con mis lágrimas mientras acariciamos la compañía del silencio envueltos en el manto del frio invierno.
Si alguna vez me decidiera a no ser insegura y dejar de sentir miedo de este amor tan intenso que siento al verle pasear entre esa jungla o al sentir su aroma danzar con la brisa de otoño.
Si alguna vez me dejara llevar por este impulso eléctrico que hincha a ese musculo tan fuerte como para mantenerme con vida y tan débil como para hacerme recular ante su simple presencia. Podría al fin demostrarle cuanto le amo como para dar mi vida sin pensarlo un segundo.
Si tan solo pudiera dejar de ser tan fría y miedosa, y me dejara llevar por la corriente perdiéndome en sus brazo. Tal vez, pudiera creerme y sentir cuanto significa en mi vida.
Si tan solo quitara ese candado que aprisiona mi alma y une estúpidamente a ese musculo terco con mi cerebro y me impide dejar fluir ese sentimiento que se que llevo por dentro.
Si tan solo… si tan solo dejara de ser tan redundante y fuera directa para decirle simplemente: “te amo”.
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