Han leído a la orilla del río piedra me senté y llore?
Yo sí, y no puedo decir que alguna vez estuviera en ese río, pero en este momento me lo imagino. Desde aquel día cuando estuve en sus brazos y le bese, fui de una, la persona más feliz del planeta y hoy aquí sentada con un vaso de café escuchando música y llorando por tenerle otra vez, mi imaginación vuela cuando pienso en el deshago de estar en aquel lugar, me transporto al cielo estrellado, un bosque, sus ojos, sus manos y regreso a lo mismo – mi soledad -. El amor es incierto, lo sé y de sobra, también es entrega, estúpida fui al no saber entregar mi corazón en su momento porque no lo niego es suyo y de nadie más.
Sé que físicamente no estoy en aquel lugar y que tampoco puedo dar marcha atrás y mientras mis lágrimas se secan y queman mi corazón, mi imaginación regresa como en círculos a todos aquellos momentos en los que pude y no hice, pero una sonrisa le vi y aquel sentimiento ardió en mi interior hasta el punto de no saberlo controlar.
He dicho que mi nombre de pila debería de ser Idiota, alguna vez leí que un idiota es una persona poco inteligente y realmente la palabra se queda corta al comportamiento tan errático que suelo tener. Muchas veces hasta le he dado la cara sabiendo cuánto vale en mi vida.
La vida se consume mucho más rápido que un cigarrillo de un fumador empedernido y yo la he desperdiciado en lamentos tirada en mi cama.
Si la historia de Paulo Coelho fuera verdad, me gustaría estar sentada en el río piedra y terminar de escribir cuanto le amo y le amare, porque creo que es de más decir que le he amado desde siempre, hacer que todos aquellos momentos que nos han dañado se conviertan en piedra y se hundan en el fondo del río y permitan que mis sentimientos fluyan con la corriente.
Me imagino desembocando en un ocaso, dejando mi corazón exhausto y mil sonrisas en su rostro.
Odaisamed oma et.
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