Que idiota por empapar mi alma bañándola en lagrimas, muriendo desangrada por arrancarme el corazón y guardarlo en aquel baúl empolvado y olvidado en la esquina del sotano de mis pensamientos.
Que idiota por dejarme manipular de los hilos de la vida, siguiendo el triste camino de las agujas del reloj y olvidar la libertad del viento descubriendo cada rincón de los encantos de las montañas.
Que idiota por intentar cortar en pedazos aquellos recuerdos recubiertos del diamante más puro y hermoso, dejandome seducir por el deslumbrante oro de sus deseos.
Que idiota por engañarme fingiendo hundirme en lo más profundo del mar, cuando camino sin rumbo por cada valle que deslumbra las miradas del más ciego de corazón.

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